viernes, 1 de octubre de 2010

Libros y lectores

¿Larra? ¿Alguien lee a Larra aún?

Pues sí, este joven pasajero de la línea 1 sentado frente a mí, estaba sumergido en un muy manoseado ejemplar de las Obras Completas de Don Mariano José, que por mucho que intenté fisgar no pude distinguir si era un único tomo o parte de una serie. Tenía unas manos largas y bien cuidadas, que parecían producto más de su propia meticulosidad que de los artificios de una manicura. En las manos terminaba cualquier rasgo de coquetería, su cara de caballo un poco triste desentonaba en esa mañana exultante de viernes, sus horribles pantalones de viejo, a juego con un jersey azul chillón le daban un aura decimonónica, como de el personaje estudiante pobre de provincias afincado en una repelente pensión de Madrid, lo peor es que iba impecablemente bien planchado y limpio, algo de descuido podría darle un aire retro pero no, no era retro, era simplemente antiguo. ¿Orgullosamente antiguo?

Unas bonitas estudiantes hacían un corro muy animado en el pasillo pero nada, él sólo tenía ojos para las heroínas románticas de Larra.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pasatiempos Vergonzosos en el Metro

Intento tener siempre muchas fuentes de entretenimiento a mano, que no me falte un libro, una revista y el I-pod con la batería bien cargada. Sin embargo, a veces pasa que por algún motivo me veo abandonada allí en un vagón traqueteante sin una sola distracción que llevarme a la boca, sin siquiera el papel de un caramelo para leer los ingredientes. Entonces sólo me quedan tres opciones, todas ellas, igualmente vergonzosas:

1. Observación de libros y lectores. Consiste en identificar a todos los afortunados pasajeros circundantes que sí van debidamente emparejados con un libro para luego hacer una sucinta descripción del humano e intentar tomar nota del título, autor y otros pormenores del libro. Todo importa, si el libro es nuevo o se está cayendo a trozos, si es un best-seller o una vieja novela de vaqueros, si es de la biblioteca, ostenta un elaborado ex-libris o está forrado con papel de embalar. Si da tiempo, también intento hacer un rápido diagnóstico de la expresión facial del lector para elucubrar sobre su nivel de satisfacción o aburrimiento. Los periódicos no cuentan nada.

2. Escucha de conversaciones ajenas. Casi siempre morralla, rumores malignos sobre compañeros de trabajo, quejas sobre una gerente arpía o edulcoradas charlas de novios. Ocasionales piezas de delirio o de novela negra que hacen que valga la pena preservar el género.

3. Policía de la moda. No trataré de justificarlo. Si la pereza es la madre de todos los vicios, el aburrimiento es su padrastro.

martes, 3 de agosto de 2010

Mr. Nobody

En España la han estrenado con el prosaico subtítulo de Las vidas posibles de Mr. Nobody, como si quisieran darle al espectador una innecesaria explicación por anticipado.

Nemo Nobody es un niño-hombre-anciano con el supuesto poder de ver el futuro porque algún descuidado ángel de silencio olvidó sellar sus labios con algún encanto anti-profecía antes de nacer. Nemo es también el último mortal en la tierra en el año 2092, cuya agonía es seguida con fascinación por una humanidad televisiva que parece apegarse maniáticamente a la posibilidad del infinito.

Nemo podría ser cualquier repetible héroe de ciencia ficción pero... están esos inconmensurables lagos de aguas azules, esos espejos tallados que pueden tornar del celeste cristalino al tenebroso azul medianoche en un nanosegundo: Los ojos de Jared Leto. La historia a veces se deshilacha pero no pasa nada, mientras esa mirada se mantenga frente a nosotros, nos dejaremos arrastrar por las múltiples vidas de Mr. N., vidas siempre tocadas por el desgarro, la separación, vidas tristes y meláncolicas, esas que Mr. Leto es especialista en pintar.

En ese universo en fragmentación que se derrumba frente al espectador, sólo el amor parece tener un cierto poder de cohesión, el pegamento de un mundo decadente. Tres mujeres, tres historias de amor y más vidas que se desprenden como ramas, según van trascurriendo elecciones irrencociliables. La camara se detiene en el rostro de estas tres hermosas y diferentes mujeres (también niñas y jovencitas en este universo infinito y paralelo) y no es la única excursión que hace por la belleza, los paisajes silenciosos , oníricos y a veces devastados imponen también su cuota de estremecimiento.

Al final parece que el amor es -parafraseando a un dictador- uno, grande y libre.