miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pasatiempos Vergonzosos en el Metro

Intento tener siempre muchas fuentes de entretenimiento a mano, que no me falte un libro, una revista y el I-pod con la batería bien cargada. Sin embargo, a veces pasa que por algún motivo me veo abandonada allí en un vagón traqueteante sin una sola distracción que llevarme a la boca, sin siquiera el papel de un caramelo para leer los ingredientes. Entonces sólo me quedan tres opciones, todas ellas, igualmente vergonzosas:

1. Observación de libros y lectores. Consiste en identificar a todos los afortunados pasajeros circundantes que sí van debidamente emparejados con un libro para luego hacer una sucinta descripción del humano e intentar tomar nota del título, autor y otros pormenores del libro. Todo importa, si el libro es nuevo o se está cayendo a trozos, si es un best-seller o una vieja novela de vaqueros, si es de la biblioteca, ostenta un elaborado ex-libris o está forrado con papel de embalar. Si da tiempo, también intento hacer un rápido diagnóstico de la expresión facial del lector para elucubrar sobre su nivel de satisfacción o aburrimiento. Los periódicos no cuentan nada.

2. Escucha de conversaciones ajenas. Casi siempre morralla, rumores malignos sobre compañeros de trabajo, quejas sobre una gerente arpía o edulcoradas charlas de novios. Ocasionales piezas de delirio o de novela negra que hacen que valga la pena preservar el género.

3. Policía de la moda. No trataré de justificarlo. Si la pereza es la madre de todos los vicios, el aburrimiento es su padrastro.

martes, 3 de agosto de 2010

Mr. Nobody

En España la han estrenado con el prosaico subtítulo de Las vidas posibles de Mr. Nobody, como si quisieran darle al espectador una innecesaria explicación por anticipado.

Nemo Nobody es un niño-hombre-anciano con el supuesto poder de ver el futuro porque algún descuidado ángel de silencio olvidó sellar sus labios con algún encanto anti-profecía antes de nacer. Nemo es también el último mortal en la tierra en el año 2092, cuya agonía es seguida con fascinación por una humanidad televisiva que parece apegarse maniáticamente a la posibilidad del infinito.

Nemo podría ser cualquier repetible héroe de ciencia ficción pero... están esos inconmensurables lagos de aguas azules, esos espejos tallados que pueden tornar del celeste cristalino al tenebroso azul medianoche en un nanosegundo: Los ojos de Jared Leto. La historia a veces se deshilacha pero no pasa nada, mientras esa mirada se mantenga frente a nosotros, nos dejaremos arrastrar por las múltiples vidas de Mr. N., vidas siempre tocadas por el desgarro, la separación, vidas tristes y meláncolicas, esas que Mr. Leto es especialista en pintar.

En ese universo en fragmentación que se derrumba frente al espectador, sólo el amor parece tener un cierto poder de cohesión, el pegamento de un mundo decadente. Tres mujeres, tres historias de amor y más vidas que se desprenden como ramas, según van trascurriendo elecciones irrencociliables. La camara se detiene en el rostro de estas tres hermosas y diferentes mujeres (también niñas y jovencitas en este universo infinito y paralelo) y no es la única excursión que hace por la belleza, los paisajes silenciosos , oníricos y a veces devastados imponen también su cuota de estremecimiento.

Al final parece que el amor es -parafraseando a un dictador- uno, grande y libre.

jueves, 22 de julio de 2010

Two lovers

Casi debería autocensurarme y prohibirme hablar de cualquier película en la que actúe Joaquín Phoenix. Advertencia: Niveles de objetividad mínimos. Si protagoniza la publicidad de una crema antihemorroides, es probable que yo la califique como una obra maestra del cinema-verité hiper breve.

Joaquín, antes conocido como Leaf, es la hoja temblorosa de un árbol palpitando bajo una tormenta. No sé si es él o son sus personajes. O tanto él como sus personajes. En este caso, Leonard, un bipolar con una desagradable tendencia a los intentos de suicidio repetitivos. Sabemos desde el primer momento que vamos a sufrir por él (con él, contra él, a través de él) y casi querríamos levantarnos de nuestros aterciopelados sillones y gritarle, decirle que ahí se puede quedar con sus conflictos, que habríamos hecho mucho mejor en escoger una comedia romántica o incluso cine social, lo que sea para no pasar por esto.

Leonard, que estaría perdido en un mundo hostil, que pende del hilo de la devoción incondicional de su madre, debe maniobrar entre el amor de dos mujeres. Tan perdido, tan solo y de repente, tan abrumadoramente deseado, tan enamorado como el adolescente absurdo que sigue viviendo en su cabeza. El amor es un guante. Las mujeres a veces estamos muy locas, nos encaprichamos de la belleza más peligrosa.

El mar para un suicida es la oscura voz que le llama a unirse con el todo, a disolverse en la nada (extremos de un mismo hilo) o el lugar de un extraño renacimiento.