Mostrando entradas con la etiqueta Baile del Sol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Baile del Sol. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2014

STONER (John Williams)



He leído tantas reseñas y artículos sobre Stoner que me resulta difícil creer que se me pueda ocurrir algo nuevo que decir pero me siento obligada a hacerlo por varios motivos: 

1. Para socializar y/o tratar de entender la tristeza vigorizante que me ha dejado su lectura (una sensación seriamente contradictoria).
2. Por intentar compartir esa rara alegría de haber compartido unos días la vida de un hombre inmenso y desconocido. O sea, lo contrario y complementario del punto 1: para compartir la felicidad de una lectura afortunada. 
3. Por si logro cazar al menos un lector que esté dispuesto a la intimidad con un alma encallecida y bella, alguien que se arriesgue a una lectura que se queda contigo, un libro que una vez terminado no se archiva en los asuntos finiquitados sino que se vuelve a abrir para buscar en sus páginas (probablemente al azar) el significado de una caída, el bálsamo a una decepción. ¿Cómo puede ser portador de la sabiduría un personaje que se equivocó en casi todas las decisiones fundamentales de su vida? Seguro que a estas alturas todavía hay mucha gente a la que no le suena este libro, pues que se animen y se lancen a sus aguas engañosamente mansas. (La recomendación suele ir al final, lo sé...)

Hablo de un libro que se publicó en 1965 y en Estados Unidos, país de origen de su autor, John Williams, nunca ha conocido el éxito de masas. Hubiese sido extraño que una narración que plantea tantas preguntas sobre el tema del fracaso fuera directa a encabezar una lista de best-sellers. Según cuenta la reseña (resumen de una nota radiofónica) de npr books, la novela en el momento de su publicación apenas fue reseñada brevemente por The Newyorker y no pasó de los dos mil ejemplares vendidos antes de ser descatalogada. Luego cayó en el olvido. 




Portada de la edición holandesa

En 2006, con ese ojo para la belleza y la potencia literaria que se echa tanto de menos en el mundo editorial actual, New York Review of Books Classics republicó Stoner. En palabras de su director, Edwin Frank "It sort of pays tribute to a man whose life is, in one sense, utterly ordinary, but, in another sense, rich as anyone's life can be"; traduzco libremente: "De alguna manera rinde tributo a un hombre cuya vida es, un sentido, completamente ordinaria pero, en otro sentido, tan rica como la vida de un hombre puede llegar a serlo". Esta reedición, de nuevo tuvo ventas modestas pero reseñas algo más halagüeñas que la original y consiguió la carambola del azar que ha convertido este título en un éxito en Europa: Anna Gavalda, una exitosa y multivendedora escritora francesa lo leyó y se enamoró de él, lo tradujo ella misma e hizo que su editorial lo publicara. Francia lo ha adorado, en Holanda lo ha petado, en España... bueno, ha sido un éxito minoritario pero esto aún puede cambiar. Según los últimos datos que he podido encontrar, aquí se han vendido 20.000 ejemplares, nada del otro mundo pero diez veces más que su primera edición. Ojalá el lento proceso de recomendación, reseña y regalo siga su proceso natural y dé una larga vida. 


Portada de una edición estadounidense

Sobre la redescubridora de Stoner: recuerdo haber leído algo de Gavalda (me parece que Quisiera que alguien me esperara en algún lugar) y la superficial memoria que conservo es de una prosa correcta, resultona y que a mí me aburrió. Sin embargo, me quito el sombrero ante su buen gusto y su iniciativa de rescatar una joya literaria. Si todos los autores de calidad mediana y grandes ventas, pagaran su popularidad con la vuelta a la luz de una obra de valía, purgarían en parte sus pecados literarios y ayudarían a que su público cautivo se atreviese a probar cosas mejores, en fin, a educar el gusto de la gente. 

En España lo ha publicado la interesante editorial tinerfeña Baile del Sol. Como decía antes, las cifras no han sido espectaculares como en otros países de Europa pero ya van por la cuarta edición y más que un boom, sería bonito verlo convertirse un en clásico contemporáneo, fondo de armario de las librerías. He leído en alguna entrevista cómo su editor, Tito Expósito, cuenta haber oído a Gavalda hacer elogio de la novela y a partir de ahí haber tenido el oportuno atrevimiento de hacerse con los derechos en el momento perfecto -antes del boom francés- y publicar la primera edición en 2010, es decir, la primera de Europa.

Podría seguir contando más detalles de esa emocionante historia de intriga editorial que es el revival de este libro pero se impone ya hablar del relato que hay detrás de todo este barullo, que es lo importante. Para quienes teman los spoilers, advierto que vienen unos cuantos que lo son sólo a medias pues el autor en las primeras páginas hace un resumen descarnado (que luego se demostrará unidimensional e insuficiente) de la trayectoria vital de su personaje, como para que renunciemos a hacernos ilusiones desde el comienzo. Pero nos las hacemos, por fortuna.  

La historia aquí es la vida de William Stoner. Un hombre corriente en apariencia pero extraordinario en esencia. Es claramente una novela de personaje. La estructura es simple en apariencia: infancia, estudios, matrimonio, trabajo, amor, sufrimiento, muerte. Sabemos desde un comienzo que lo que define a Stoner es en gran medida, su trabajo como profesor pero su infancia no hacía prever que terminara recalando es la universidad. Una árida niñez campesina de trabajo y responsabilidades, no miserable pero lejos, lejísimos de la alegría inconsciente que tendemos a asociar con los niños. Hay una escena de tanta vividez y plasticidad que fue como si la luz y los rostros de "Los comedores de patatas" surgieran de las páginas del libro: "Era una casa solitaria ligada a un inevitable trabajo duro en la que él era el hijo único. Por las noches los tres se sentaban en la pequeña cocina iluminados por una única lámpara de queroseno, a mirar la llama amarilla: a menudo durante la hora aproximada entre la cena y el momento de acostarse, el único sonido que se oía era el cansado movimiento de un cuerpo sobre una silla rígida y el suave crujir de la madera, cediendo un poco por la edad de la casa.".

El primer milagro en la vida de William, es que su padre, un alma rústica, gastada por el trabajo duro y sin reposo, decidiera darle a su hijo la oportunidad de unan educación universitaria, con el inmenso sacrificio que suponía para la familia perder a su mano de obra más joven y vigorosa. Stoner se deslomaría trabajando en la granja de los parientes que lo alojaban para pagar su manutención y llevaría siempre el mismo raído traje de aire fúnebre pero aún así, había pasado del campo a la academia, en lo que le tardó recorrer el camino de su granja a Columbia. Es muy significativo que Williams abra la historia contándonos el año en que Stoner entró en la universidad, más que el de su propio nacimiento porque en verdad este segundo nacimiento del espíritu fue mucho más relevante: "William Stoner entró como estudiante a la Universidad de Misuri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años más tarde, en pleno auge la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956.".    

La idea era que este joven campesino que entraba en la universidad se convirtiera en agrónomo y que aplicara sus conocimientos para obtener un mejor rendimiento de la vieja granja de sus padres. Habría sido un ciclo perfecto, de la tierra a la tierra. Y sin embargo, algo se atravesó, un amor inesperado. En el segundo año de estudios hubo de cursar una asignatura obligatoria de literatura inglesa, que se le daba mucho peor que los estudios de química de los suelos. Aparece aquí el personaje el profesor Archer Sloane, quien hace que nuestro protagonista reconozca su vocación. Slone es un ser pétreo, construido con una técnica minimalista e impecable. Sus intervenciones son justas en el tiempo y sus rasgos aparecen esbozados en trazos muy definidos, breves en la descripción pero que nos dan la medida de su carácter en sus acciones. Es el factor extraño que cambia la ecuación de la vida de Stoner y que la desvía de un destino que tal vez le habría dado más satisfacciones, cuando le pregunta en medio de un clase, casi con cólera por el sentido del Soneto 73 de Shakespeare y quedan flotando estos versos de forma casi religiosa en el aula:

     "Esto percibes, lo que hace tu amor más fuerte, 
      amar bien aquello que debes abandonar pronto."

La belleza del soneto recayó sobre Stoner como la iluminación mística sobre un santo que descubre la trascendencia por vez primera. Una fe, un amor tan poderoso que nos tememos que arrastre algún martirio. No es una renuncia fácil para este hombre decidirse por la carrera académica y frustrar los sueños que para sus padres aparejaba su vuelta a casa. Presenciamos la progresiva transformación de su espíritu hasta lo que sería su esencia definitiva: un profesor, un hombre de letras. 

A diferencia de la trayectoria de los santos, la vida de Stoner no avanzó triunfal hasta el martirio y la iluminación divina, digamos que tuvo un poco de ambos. Cuando descubrió que su hogar iba ser más la universidad que la casa que compartía con su mujer, fue un hallazgo triste pero por lo menos allí disponía de la medicina que le haría tolerable los peores momentos y que realzaría aún más el brillo de los bellos. 

En el amor, fue un tipo peculiar: en contra de su tímida austeridad, cortejó a una señorita de buena familia quien sorprendentemente, lo aceptó. Se casó con una profunda ignorancia de la mujer a la que se unía. El gran error de Stoner fue su matrimonio y nunca supo recuperarse, hacer algo. Creía con una rectitud moral desesperante para el lector, que él se lo había buscado, había apostado por su mujer con un empeño y un atrevimiento que no había puesto antes en nada y por eso debía pagar su precio en sangre. En algunos comentarios, especialmente en páginas norteamericanas, se señala que el personaje de Edith, la esposa es carece de dimensión y es la caricatura del ama de casa neurótica, vacua y amargada: una bruja. No estoy de acuerdo, creo que hay un enigma detrás de su vacío emocional, de su estéril maldad, nunca llegamos a saber cuál es pero hay una escena, de vuelta a su habitación familiar, en la que destruye con método la mayor parte de sus posesiones infantiles que nos convence de que una tragedia nunca expresada habita detrás de su conducta atroz. También es verdad que cuando una foto enfoca los rasgos de un modelo, es frecuente que el fondo se difume y pierde sus contornos, tal vez eso es lo que pasa con Edith.

Tras muchos años de matrimonio infeliz, descubre el amor con otra mujer y la experiencia nos revela a un personaje oculto dentro de la cáscara de ese hombre que sólo había hecho dos cosas a plenitud: ser profesor y padre. Su carrera académica estuvo llena de dificultades y frustraciones, sobre todo a partir de su negativa a transigir con un alumno farsante pero bien relacionado (atención al estupendo villano Hollis Lomax). Su relación con su hija fue la de la maravilla frente a la creación y el cuidado de una nueva vida, fue un padre estupendo que llenó el vacío afectivo de la madre hasta que ésta, alarmada por la intensidad del lazo entre padre e hija, decidió apartarlos, dejándolos a los dos pero sobretodo a la niña Grace, aterrados y desprotegidos. William Stoner, tenías que haber peleado más por tu hija. Sí, esta lectora confiesa la poca sofisticación intelectual de haber llegado al punto de enfadarse con el personaje y darles consejos. 

El Stoner de mediana edad, enamorado y correspondido a plenitud se nos revela como un ser con una inmensa capacidad para la felicidad. Ahí entendemos que lo que lo ha llevado a aceptar con tanta resignación los golpes bajos de la vida no es una cortedad de espíritu sino una mezcla entre un exasperante sentido del deber y ese estoicismo de campesino hecho al  trabajo ingrato que nunca se plantea abandonar su tierra aunque la tormenta y el fuego la hayan arrasado y se deja la vida en el intento de sacar frutos de un terreno yermo.

Tal vez toda la dureza del libro es asumible porque dentro de esta roca está escondido el diamante de una verdadera historia de amor. Incluso la imagen de la mujer amada va creciendo dentro de nosotros, se va transformando como el color de sus ojos que con la luz adecuada son violetas y no grises, como si afilada inteligencia que no sólo brilla en la academia sino en la íntima luz de un dormitorio; no contemplamos el proceso del enamoramiento, tenemos el privilegio de sentirlo. Mejor que lo diga Williams: "En su año cuarenta y tres de vida William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra".

Se supone que uno de los temas principales es el fracaso e incluso está formulado de forma casi literal al comienzo y al final del libro pero creo que este tema encierra otro mucho más complejo: el de la renuncia. Al final de su vida Stoner piensa en las cosas que no se ha permitido o ha perdido por el camino: no se permitió la heroicidad de ir a la guerra; la distancia entre él y su hija resultó letal para los dos; fallecieron sus padres sin que pudiese darles la satisfacción de una vuelta a casa; fue un gran profesor pero nunca brilló en la jerarquía académica; tuvo amor y lo dejó marchar. Y sin embargo, no puedo ver a Stoner como un fracasado. En su estupendo artículo en The Guardian sobre Stoner, Julian Barnes cita una de las escasas entrevistas del autor sobre este aspecto del personaje: "A lot of people who have read the novel think that Stoner had such a sad and bad life. I think he had a very good life. He had a better life than most people do, certainly. He was doing what he wanted to do, he had some feeling for what he was doing, he had some sense of the importance of the job he was doing (…). His job gave him a particular kind of identity and made him what he was.". Traduzco y pido perdón anticipado por si me dejo algún matiz: "Mucha gente que ha leído la novela piensa que Stoner tuvo una vida triste y mala. Yo pienso que tuvo una muy buena vida. Tuvo ciertamente una vida mejor que la que la mayoría de la gente tiene. Él hizo lo que quiso hacer, el sentía algo por lo que hacía, tenía un sentido de la importancia del trabajo que estaba haciendo (...). Su trabajo le dio una identidad particular e hizo de él lo que fue".  



John Williams

Como dice Tim Kreider en su artículo del Newyorker, ni el libro ni el personaje están aquí para ganar un concurso de popularidad pero resisten porque su luz proviene de dentro. Lejos de ser un triunfador, Stoner con su ética de la renuncia y del rigor autoimpuesto nos recuerda que un hombre no puede haber fracasado del todo si ha sido amado y si se ha dejado la vida en una vocación en la que creía de corazón.

No dejen que les importe si sigue de moda o si ya han pasado sus quince minutos. Léanlo y verán. 

Nota sobre la edición: Es más que correcta y respetuosa. La traducción de Antonio Díez Fernández se lee con soltura y salvo algún giro raro, cumple con su misión de hacer llegar a los lectores de habla hispana este inmenso retrato de un héroe en la sombra. He leído comentarios sobre la fealdad sin ambages de la portada de la primera edición y estoy de acuerdo, en la cuarta, que es la mía, ha mejorado pero es algo sosa. De cualquier manera, espero que tengan la ocasión de hacer muchas reediciones y alguna otra portada. 


Más información (actualizado): Me he dejado tantas buenas reseñas por el camino que refresco este apartado.

domingo, 22 de junio de 2014

EL HOMBRE AJENO (David Pérez Vega)



Conocí al autor de esta novela, David Pérez Vega, por su blog literario Desde la ciudad sin cines. Me gusta el tono serio y reflexivo de sus reseñas, los autores latinoamericanos y contemporáneos por los que se interesa (yo suelo inclinarme más por autores más clásicos, ya al abrigo de sus tumbas y el contraste con otros gustos es saludable). Es muy agradable además su dedicación y la paciencia con la que contesta a todos los comentarios, incluso los puntillosos (mea culpa) además de las pocas ínfulas que gasta, siendo una de las voces más interesantes en la "crítica blogosférica". En serio, sus entradas tienen más enjundia que muchos artículos de los magacines literarios de los grandes periódicos.

Bueno, al ajo. Por su blog sabía que ha publicado una novela, Acantilados de Howth y de vez en cuando postea alguno de sus poemas -también tiene un par de poemarios publicados-. Hace poco, con motivo de la Feria del Libro de Madrid, comentó que estaría firmado su nuevo libro: El hombre ajeno. Decidí acercarme y comprarlo porque me gusta cómo escribe y aunque soy muy escéptica con las novedades, hay que arriesgar de vez en cuando.


El autor firmándome mi ejemplar en la Feria, yo con mis zapatillas de hacer cola.
(La foto la hizo mi amiga Marigel que me acompañó ese día) 

El hombre ajeno nos presenta a su protagonista, Juan Linares, en un momento de inflexión en su vida, una de esas mesetas en las que ocurren con frecuencia los hechos importantes. Es un licenciado en Filología Hispánica que mientras termina sus estudios de postgrado se interesa por la vida de un oscuro poeta salvadoreño, Héctor Meier Peláez. En lugar de intentar hacerse un lugar en el mundo académico de la universidad, trabaja descargando camiones en una nave de un polígono industrial para ahorrar y así poderse dedicar a terminar su tesis.

La novela tiene tres partes: la primera y la tercera desarrollan la historia de Juan Linares y la segunda (Interludio) es la narración de la biografía del poeta Meier. Desde un comienzo queda claro que la fascinación de Linares por este poeta en particular tiene que ver no sólo con sus cualidades literarias sino con la vida violenta que llevó. Meier es un trasunto radical del poeta salvadoreño Roque Dalton que militó en la guerrilla del ERP y murió a manos de sus propios compañeros que le acusaron de espiar para la CIA o la inteligencia cubana, en fin,cualquier cargo que justificase la eliminación de ese pájaro que aleteaba demasiado para la jaula de la ideología.



Fuente imagen: Artículo "Roque Dalton continúa vivo en sus versos: hoy cumpliría 79 años" en Cuba Debate

El Meier de la historia es hijo de un inmigrante alemán (el padre de Dalton era estadounidense), ambos fueron guerrilleros y poetas malditos. A partir de este núcleo común, el autor desarrolla un personaje con entidad propia. 

Aunque el protagonista de la historia es básicamente un intelectual, queda claro desde el comienzo que la violencia le genera una fascinación que no es ajena a su historia personal. Hay una alusión constante a un hecho traumático que marcó el fin de su infancia y configuró su personalidad actual. El encuentro casual con un antiguo compañero de colegio actualiza el conflicto y la culpa que arrastra. 

Linares parece un tipo frío que vive como aislado de sus propias emociones por una fina película. Ese interés por la agresividad parece retrotraerlo a la irreflexión de la infancia, a un estallido peligroso pero vital. Para poder ubicar a este personaje, hay una detallada descripción de su mundo: el Madrid de la justo antes de la crisis económica. El microcosmos de la nave industrial conviven los inmigrantes latinoamericanos, reventados por los trabajos más duros pero agradecidos por ingresar por fin en el sistema legal del trabajo con los jóvenes españoles de suburbio.

La descripción de esta tribu juvenil es de los mayores logros de la novela. Es desolador el paisaje de esta juventud sin cultura del esfuerzo, sin interés alguno por formarse y que vive para la religión del fin de semana. Son estos los especímenes que aparecen en los realities de la televisión y que son tan patéticamente superficiales que parecen impostados, chicos con unos extraños peinados esculpidos con gomina y unos cuerpos hipermusculados esculpidos en el gimnasio: "Les fascinaba la marcha del fin de semana, el dinero rápido en el bolsillo y los coches para lucirse con música estridente.". 

Es muy interesante la descripción de esta cultura de las drogas, que no es exclusiva de la marginalidad: "Cocaína para excitarse, hachís para alcanzar la calma... otros lo conseguían con café y tila, conducción de coches y masajes, pádel y meditación budista...". Cada uno con los vicios que se puede permitir. 

Sobre todo en la primera parte "El viento del suburbio", hay una potente descripción de la sociedad del sur madrileño: desde estos bárbaros jóvenes que consumen sus vidas con la misma avidez con la que se enfrentan a una raya de coca, hasta los literatos compañeros de promoción en la universidad. Es una mirada fina, que no pretende reducir sus retratos a estereotipos y que termina siendo un completo tratado de fauna social: jóvenes formados más de lo necesario para trabajos precarios (como Rafa, el mejor amigo del protagonista), pijos de suburbio, jevis, góticos, etc. Hay una crítica al sistema educativo que deja varados tanto a sus desechos como a quienes se entregan a su sistema de memorización de contenidos. Lo de describir a la aldea para describir el universo funciona aquí muy bien. 

A la par se desgrana una crónica familiar que se centra en la relación con el hermano mayor, cuya vida ha quedado destrozada por la ilusión de que era él quien controlaba su relación con las drogas: cárcel, intento de suicidio, rehabilitaciones. Lo usual, sobre todo el miedo de volver a confiar en quien hace equilibrio sobre el filo de la reincidencia. Es muy vívida esa casa familiar, el trabajo y la vida de los padres, su negocio, su origen rural. 

Hay algo de estructura detectivesca en el descubrimiento del hecho violento que late bajo la culpa y la frialdad emocional de Juan Linares. Poco a poco van quedando al descubierto capas de recuerdos que nos enfrentan al secreto del protagonista. Lo más significativo de su hallazgo es este sentido es enfrentarse a la mirada del otro y descubrir que lo que es una cicatriz vital para él, para el otro fue menos que un rasguño.

El Interludio, que está contado con una voz diferente a la del narrador omnisciente de las otras dos partes, aunque se supone que es la introducción de un trabajo académico, está contado de una forma cálida y cercana, no se hace estéril ni tiene el tono aburrido de la mayoría de verdaderos escritos académicos. Como ya dije antes, es notoria la influencia de la figura de Dalton en la estampa de Meier, sin embargo, David Pérez logra darle entidad propia, la hace aún más revolucionaria al añadirle la doble rebeldía de su identidad sexual. Un poeta guerrillero y homosexual que fue demasiado para la guerrilla que se atragantó con su historia de amor con un compañero indígena. La biografía es detallada y tiene la verosimilitud del detalle y la documentación histórica del contexto. Aquí es de gran utilidad el profundo conocimiento del autor de la literatura hispanoamericana. Lamentamos no poder ofrecer a nuestros lectores una fotografía del guerrillero rubio, que imagino como un cruce entre el propio Dalton, un Rimbaud americano y un Saint-Exupery rabioso rayando el cielo con su avioneta. 

Es en este Interludio en el cual se hace más presente la influencia de Bolaño. Afortunadamente, no cae en la imitación, que es muy penosa cuando se trata de un escritor con un estilo tan potente, es más bien un homenaje: "En 1989 los ultrarrealistas reeditaron Maricón y comunista, con una tirada de 1.500 ejemplares, en 1991 otros 1.500. Lo mismo hicieron con Aviones de volcán.". 

Ese aire de la selva y el duro pasaje de la guerra y los diarios poéticos de Meier, no nos distraen de la historia de Linares, hay una profunda conexión entre ambas historias, que se hace presente con un personaje del familiar depositario de su legado que se exilia en España.

En la tercera parte se recogen los hilos de las historias abiertas, que terminan, casi todos, por confluir. El final no es cerrado pero tenemos la sensación de que el protagonista entra en otra fase de su vida que nos gustaría seguir atisbando, lo cual es una señal de que el autor ha triunfado en esa misión que a veces parece olvidarse: que el lector se crea el mundo que ha puesto en pie. 

Puestos a buscar aristas por pulir, aquí van un par de ellas:

- Esperaba que algunos personajes secundarios que tenían peso en la narración (no adelantaré cuáles para no destripar la historia) tuviesen más continuidad en la resolución de la historia y, por el contrario, simplemente parecen desvanecerse en el aire.
- En ocasiones -no numerosas- el lenguaje, que es muy sobrio, peca de una cierta rigidez, probablemente como consecuencia de la precisión que autor busca en cada expresión, como decir que un personaje "presentaba una resaca" en lugar de decir que tenía un resacón o algo un poco más sencillo.
- Hay un detalle insignificante, un pecadillo venial de laísmo pero que resalta por que está en un lugar muy importante de la historia. Ese "yo las entro tío" tiene muy fácil corrección en una segunda edición pero pensándolo bien, tal vez tiene cierto sentido que en ese contexto el personaje hable así. 

Como impresión final, diría que la narración se lee con interés y un ritmo sostenidos. La personalidad introvertida pero observadora del protagonista es coherente con la visión analítica de su universo y es una lectura que te deja con ganas de oír más la voz de este autor. 

La edición de Baile del Sol es buena, se agradece la generosidad con el tamaño de la tipografía y la calidad del papel, sólo recuerdo haber encontrado una errata en la página 82. La portada es sobria y elegante. Aparte del éxito que han tenido ahora con Stoner, el catálogo de esta editorial es muy interesante y arriesgado, se atreven incluso con ese bicho raro de la poesía. 

Petición final al autor: Por favor esperamos la página en Wikipedia de Héctor Meier Peláez, me ofrezco modestamente a reseñar alguna de sus obras. 

Más información:

  • Ficha en la web de Baile del Sol.
  • Entrada en el blog del autor, es muy interesante, cuenta jugosos detalles del proceso editorial.