lunes, 16 de julio de 2012

LAS SEÑORITAS DE ESCASOS MEDIOS



El inicio de este año fue difícil para mí, a la pérdida de un ser querido se sumó el ambiente generalizado de miedo y opresión por la crisis económica aquí en España (y eso que no sabíamos la oscura deriva que seguiría tomando la realidad) y estaba tan triste que hasta me habían abandonado las ganas de leer. Creo que fue una tarde de domingo especialmente melancólica en que alguien que me quiere y se preocupa por mi salud mental, me arrastró hasta la librería La buena vida. Contra todo pronóstico, una vez allí, junto a la tentadora mesa de novedades y a las bien surtidas estanterías, no ocurrió nada, miré muchas portadas, ojeé novelas, olí el saludable aroma del papel nuevo. Pero nada, la chispa no saltaba, los libros me parecían caros, repletos de obviedades, inútiles. Mi ya alarmado acompañante, me hizo sentar y escogió y compró un libro para mí como quien adquiere una medicina para un enfermo que no admite necesitarla.

Ese libro resultó ser Las señoritas de escasos medios de Muriel Spark (1918-2006), autora escocesa de vida apasionante y prosa magistral. Es una novela corta, el libro es fino y con esa textura delicada y rugosa que tienen las ediciones de Impedimenta. La portada es bellísima y el libro, en tanto que objeto resultó de una fragilidad tan solo aparente pues aguantó los trajines del metro, los bolsos y las sucesivas relecturas a las que lo he sometido.

Las señoritas de escasos medios son las habitantes del club femenino "May of Teck", una institución creada para dar un lugar respetable donde vivir a señoritas de provincias de iban a buscarse la vida en el Londres de la postguerra de 1945. La Ciudad, desarbolada y empobrecida es el único escenario posible para este cruce de vidas. El racionamiento, la fealdad y la ruina son el baldío terreno en que estas flores intentan prosperar, atrapar ese esquivo rayo de luz entre las nubes:
"Tras los mugrientos cristales de la ventana se veía el cielo oscurecido descargando lluvia sobre el bombardeado pavimento de Red Lion Square (...) Ahora, al fijarse en la dimensión del destrozo casi le dolían los ojos, y de pronto le pareció que su vida entera estaba sumida en la misma miseria que estaba contemplando".

Nuestra guía en este complejo microuniverso es Jane Wright, que al comienzo de la narración es simplemente "una chica gorda" que intenta ganarse el perdón por su figura gracias a su inteligencia. Jane, a una edad en que todos los enamoramientos son voraces tiene "un amor por la poesía comparable al de un gato por los pájaros". Gracias a su trabajo en una pequeña y mediocre editorial Jane nos va regalando las más deliciosas reflexiones sobre la literatura, porque ella no es mediocre ni pequeña, ella es una valiente enamorada de las letras pero también es una mercenaria que en sus ratos libres escribe cartas falsas a escritores famosos con la esperanza de que éstos contesten, para luego ofrecerle las piezas cobradas al oscuro Ruddi Bitesh (mercenario entre los mercenarios) que regenta un negocio de memorabilia literaria. Si sus compañeras están hambrientas de belleza en forma de vestidos, perfumes y pretendientes, Jane está hambrienta de belleza poética. Pero ella, a pesar de su juventud, sus delirios literarios y su debilidad por los escritores pálidos y atractivos, nos sorprende con su afilada clarividencia, como cuando lucha contra la melancolía: "Cuando se deprimía procuraba recordar que sólo tenía veintidós años, porque la idea siempre conseguía animarla.". Un retrato femenino, profundo, sin afectaciones ni clichés que mezcla lo frívolo con lo profundo, las tabletas de chocolate con las reflexiones sobre la escencia del arte.
El club era una compleja y delicada organización social. Tan intrincada como un hormiguero o un panal e igualmente femenino. Los hombres representaban un valor práctico y estético y podían contribuir al ascenso o caída de su propietaria. El ascenso definitivo, la huída hacia arriba era indudablemente hacer un buen matrimonio. Las otras opciones, una carrera, una vida propia, todavía parecían sendas llenas de interrogantes, caminos tentadores pero inquietantes. En esa encrucijada vital estaba nuestra heroína principal, esa muchacha gorda dueña de una lucidez despojada de adornos y a la vez de un fiero idealismo artístico. Esa amante de la literatura que se avergonzaba de aburrirse con las obras de pretensiones filosóficas pero que amaba la voz y la respiración de los personajes.

Spark construye la paradoja de tejer una historia profundamente feminista con un grupo de jóvenes mujeres que en su mayoría sólo pensaba en agenciarse pintalabios, jabón, vales para ropa y, a la larga, un buen marido. Es conmovedor el silencio de las radios cuando Jane o Joanna se dedican a su trabajo intelectual, hay un respeto sin palabras hacia las valientes que pisan los terrenos del razonamiento masculino pero también admiración a las pequeñas vampiresas que confían en el diámetro de sus caderas para ganarse el paraíso.

El estado vital de Jane y de sus amigas es el de su nación: pobre, orgullosa, a veces deprimida pero esperanzada. No hablamos de la esperanza de caramelo que recubre los finales felices sino de una esperanza feroz, que es la única explicación de que una chica medio desnuda se cuele en un edificio en llamas para salvar un vestido de fiesta.

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3 comentarios:

  1. La autora estaba un poco loca. Dicen que su amistad con Greene la marcó. Buena novela.

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  2. En mi pueblu no la tenían. El librero me hizo pedido y la acabo de terminar. Buenísimo libro.

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  3. ¡que entrada tan interesante has escrito! ¡dan ganas de salir corriendo a comprar el libro!
    Lamento mucho la muerte que has tenido que sobrellevar, va desde aquí un abrazo fuertísimo.
    Ale.

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